viernes, 7 de enero de 2011

El tren


Cada mañana él llegaba a la estación.
Con cada tren se levantaba del banco y miraba pasar a la gente,
no cogía ningún tren,
no hablaba con nadie.
El único contacto que tenía con el mundo era conmigo
y mi única tarea era la de servirle el café.
Se pasaba la mañana sentado en el banco,
al mediodía entraba a la cafetería y leía el diario.
Cada vez que la puerta se abría él levantaba la cabeza
instantes después la volvía ha bajar.
Con los trenes pasaba exactamente igual.
Se levantaba del banco y buscaba con la mirada,
al ver que no había nadie interesante
agachaba la cabeza y volvía a sentarse.

Cada día se iba con la partida del último tren,
cada día volvía a la llegada del primero.
Con el paso de las semanas se le fue cogiendo cariño,
ese chico ya formaba parte de la estación.

Pero un día después del café se marchó.
Cabizbajo y arrastrando los pies.
Nadie lo ha vuelto a ver,
nadie fue nunca a buscarlo.
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