viernes, 29 de abril de 2011

Peonzas editoriales


Sin noticias.
He tardado semanas en llegar a la conclusión de mi propia estupidez,
de la ingenua inocencia que aun poseo y la cual me muestra como un gilipollas.
El señor de las oportunidades,
el señor de las mejillas.

Recibí mensajes de conciliación,
los cuales me creí,
los nervios volvieron a mi cuerpo,
las nauseas y el insomnio volvieron de sus vacaciones.
Esperé y esperé,
pero el teléfono nunca sonó.





Volví a abrir mi corazón a un doloroso recuerdo
y volvió a ser pisoteado.
He vuelto a picar,
y para colmo en regocijo de unos pocos
y de sus mentes enfermizas.

Hace un par de semanas que me apunté como voluntario para cubrir como reportero la crisis Libia.Cuando mi jefe me preguntó porque quería ir; simplemente le contesté que con un poco de suerte podría morir de algo y no esperar la lenta agonía de la existencia occidental.
Así que ahora escribo desde un pequeño Hotel al norte de Egipto en un pueblo llamado El Alamein, encerrado en una apestosa habitación de Hotel de tercera, donde las ratas son las reinas, la comida te destroza el estómago y el calor es tan intenso que las manchas de la ropa ya forman parte del vestuario.
Lleno la cabeza de basura, falsas noticias, Whisky barato y Lucky Strike esperando que cambien las cosas.

De lo demás?
No sé nada, todo se mantiene igual, lo miro y remiro, reviso el correo sin encontrar mas respuestas, mas entradas, mas nada...Por mucho que le diga a mi mente que lo deje, en cuanto me doy media vuelta, ella vuelve a revisar todo.
La peonza infinita de la mente,
que gira sobre ella misma
y así una y otra vez...
y otra vez...
y otra vez.



( Historia corta sin nada que ver con la realidad )
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