martes, 21 de mayo de 2013

La primera vez

Siempre hay una primera vez para todo.
Desgraciadamente...para todo.
Cuando tenía dieciocho años, tuve mi primera experiencia viviendo fuera de casa. En Cerdanyola del Vallés.
Vivía con dos "amigos", una pareja con la que compartía gustos musicales y pequeñas inquietudes culturales. Después de un fiesta un poco loca...tuvimos que buscar otro piso.
Alquilamos dos habitaciones en un piso de estudiantes. Se alquilaban habitaciones individuales y se compartía el piso con el resto de gente de la casa. Un Gallego y una Francesa estaban en el piso; al poco tiempo, el piso quedó para nosotros.
Nuestra relación se fue deteriorando. La comunicación se perdió, dejaron de llamarme para salir, en casa no me hablaban y yo, viendo como estaba la cosa, acabé por pasar lo mínimo por casa.
Cuando la situación se alargó ya demasiado y después de un par de charlas subidas de tono. Decidí irme de vacaciones, que me diera el aire.
Cuando regresé 10 días después, lo primero que me encontré fueron a tres obreros, sacos de cemento, muebles amontonados...etc...y mis cosas, metidas en bolsas en un rincón.
Mi cara cambió de golpe.
Entonces entró el dueño, que al verme, se acercó sorprendido y me dijo :
- Vienes a por tus cosas verdad?, como no las recogiste, te las puse en bolsas y cajas como pude. -

Al parecer, mis ex compis, o ex amigos, le habían dicho al propietario que se iban...y que yo también.
Al ver mi cara de desesperación, a punto de morirme del mal trago, el dueño se acercó muy amable y me dijo:
- Tienes hasta las 20h para sacar tus cosas. -
Eran las 10.30h de la mañana. Y tenía el culo en la calle.
Salí a buscar consuelo, ya que aun no entendía nada.
"cómo era posible?" "qué hago ahora?"
Fui por inercia a casa de una amiga, que al abrirme la puerta, no pude contenerme y me derrumbé.
Llorando a moco tendido, buscando explicaciones, cagado de miedo.
Poco a poco , Merche me calmó, hicimos un par de llamadas y gracias a un colega, pude recoger mis cosas del piso y llevarlas a su casa, donde me acogió durante tres días.




El resto, ya es otra historia...

Nunca olvidaré ese día,
la sensación de abandono,
la puñalada trapera a mi persona,
a nuestra amistad.
Aquel escalofrío por la piel,
las lágrimas de dolor e incredulidad.


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