lunes, 20 de mayo de 2013

Cartas en blanco

Andrea se sentía abatido, pero aun con esperanza. Mientras sacaba las cosas de una casa que un día compartió con ella, miles de ideas le iban pasando por la cabeza para poder recuperarla. Poco le importaba que le hubiera echado o que llevara meses prácticamente sin contacto con ella. El pensaba que sería un simple cabreo. Simple...tirando a furia contenida.
Poco a poco, volvió a escribir, algo que llevaba mucho sin hacer.
En cada viaje que hacía a su antigua casa, le dejaba una nota. Poesía, sentimientos, fábulas...hasta que sacó todo de la casa, dejando la última nota y su juego de llaves.

Una mañana, pensó que  volvería a escribir cartas como antaño, nada de mail o redes sociales. A la antigua usanza. Cartas con sello, con olores, con pétalos de rosas, con dibujos en el sobre y mensajitos cariñosos o alegres.
Así que fue al estanco más cercano, compró sobres y sellos. Llevaba tantos años sin hacerlo, que tuvo que preguntar cuanto costaban los sellos para enviar cartas locales.
Después fue a una papelería, donde después de investigar diferentes carpetas, escogió una carpeta en blanco. No quería quedar como un cutre escribiendo en cuadrícula, quería ser original, quería que se notara su corazón y sus palabras desde el principio, desde que Danielle abriera el sobre.


Así que una noche, Andrea se pasó toda la noche haciendo esbozos de lo que sería la primera carta. No quería que fuera precipitada, ni desesperada, ni mostrar todo lo que sentía; ya que sería la primera de una serie de cartas que iría enviando cada semana o cada dos semanas. Estaba convencido de que era una idea original, y que Danielle sabría apreciarlo.

Nada podía quitarle esa ilusión. Ni la falta de contacto con ella en el transcurso de los días, ni los mensajes que ella le enviaba en forma de palabras de sus padres, ni los admiradores desesperados que tenía en las redes sociales. Nada de todo eso, podía con su convicción.

Hasta que un día, mantuvieron una conversación por chat. Ella le pedía que sacará lo que quedaba en casa, que no era nada y así se lo hizo saber. La conversación subió de tono ante el asombro de Andrea, que al ver como transcurría,le sugirió a Danielle que quemara las cosas que encontrara de él. Entonces, la respuesta de Danielle,  le dejó noqueado.
" No dejes más notas ni mensajes "

Andrea entonces cayó de golpe al suelo, a la realidad. Cerró la conversación prometiéndola que jamás volvería a molestarla con esas cosas, ni con nada parecido.
Quemó las dos cartas que tenía preparadas, todos y cada uno de los versos que había escrito con su corazón y dejó la libreta blanca, apartada en el escritorio del ordenador.

"Jamás volveré a tener esas estúpidas ideas" se dijo a sí mismo.

Así que la libreta quedó en blanco, tal y como la había comprado, justo al lado de los sellos y los sobres, del bolígrafo nuevo y del diccionario, que a veces repasaba, para buscar las palabras más acordes a el escrito que hiciera.


El tiempo a pasado, jamás volvieron a verse.
La libreta sigue ahí, esperando a ser utilizada, a volver a escribir todos los sentimientos que Andrea guardó una vez. Esperando la tinta que pinte de palabras sus hojas.

Solo el destino sabe si esas palabras saldrán de nuevo, o si serán para Danielle, o si volverá a abrir el corazón a alguien mas; hasta entonces...
...la libreta se mantendrá en su sitio. Al alcance.



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