miércoles, 22 de diciembre de 2010

cuentos grises


No todo son tormentos o lamentos.
Esta mañana Vic despertó con un cielo cubierto de blanco,
podías tocar la niebla con las manos y oler el agua de la lluvia.

Las calles estaban vacías,
pero la sensación era cálida y acogedora, el ambiente frío y lluvioso era mágico al mismo tiempo;
de novela negra, o de Allan Poe, Lovecraft o aquellas películas de terror en blanco y negro, donde los planos cortos y la espesa niebla crean ese momento fantasmagórico único en la historia del cine de terror.

En el paseo, el suelo mojado refleja la tenue luz de las farolas y los árboles de la triste navidad muestran con reparo los pocos adornos que les quedan por lucir.A lo lejos solo oscuridad, oscuridad difusa, al ver las luces de los coches que llegan desde el fondo y poco a poco se van acercando.
Las calles de adoquines dejan pasar el agua de la lluvia entre ellas, abrillantándose y poniéndose a punto para este largo invierno.La gente camina por la calle calmada, con cierta sensación de paz o de soledad, algunos ultimando sus compras, mirando precios de productos que no se pueden permitir o buscando alguna cafetería para refugiarse.
Allí dentro , en la cafetería discurren mil y una conversaciones, ninguna en volumen más alto que otra, pero perceptibles para cualquier oído curioso.
Entre promesas que no cumplirán y sueños de felicidad para unas fechas en las que aunque no se crea...muchos sí creen, algunos en grupo, otros indiferentes, otros buscando la aceptación del resto.

Vuelvo a casa atravesando la lluvia, los brillantes adoquines y masticando la niebla.
Ningún adorno me espera allá, nada más fuera de la realidad que toco.

Los días se suceden,
encuentro trozos por todos los rincones.



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