viernes, 30 de diciembre de 2011

Pleco

Erase una vez, un aquario.
En dicho aquario, un sinfín de peces había : Mollys, Guppys, peces amarillos, tropicales, etc...
Los peces hacían la suya, se preocupaban poco por el resto y criticaban todo lo que podían a los demás.
Un día, la bomba limpiadora se estropeó ( a la larga lo mecánico suele fallar...), entonces el aquario, poco a poco se fue llenando de suciedad.
Como no hubo ningún pez dispuesto a limpiar, el dueño del acuario trajo a Pleco, un limpiafondos.
Nada más llegar, Pleco se situó en una de las paredes, abrió la boca, como si de una ventosa se tratara, y se quedó pegado al cristal.
El resto de peces, al verlo, al principio fueron interesándose por el. Pleco poco a poco fue abriéndose, confiando. Se acercaba a la casa de los diferentes peces y les recogía toda la suciedad que dejaban.
Pleco se sentía bien, confiado. Creía haber encontrado un hogar, unos amigos, una estabilidad.
Pero al caer las noches, nadie acudía a él. Todos los peces quedaban entre sí  y le dejaban a parte. Solo le querían para recoger la basura...

Las semanas pasaban, y Pleco comenzó a darse cuenta del poco interés que tenía el resto hacía él. Nadie le preguntaba nunca como estaba, nadie le pedía salir por el aquario, ni le invitaban en la noche a pasar danzando con los peces tropicales. Nadie le quería para nada, solo para limpiar la suciedad.



Así que los días pasaban, pegado a una esquina del acuario. Pleco comenzó a deprimirse, se sentía solo y muy cargado de cargas, que aunque no fueran suyas, era él quien las llevaba. Los peces seguían cegados de su propio ego.

Una tarde, dos peces Oscar se acercaron. Entonces, una de ellos le preguntó:
- Vienes a dar una vuelta Pleco? -
Pleco, le miró a los ojos y contestó :
- Me encantaría ir!!! - Muy contento. A lo que calló en la cuenta... - Pero uno de los peces, tendría que quedarse en mi lugar! -
Los dos peces Oscar, le miraron sorprendidos y dijeron :
- En tu lugar, recogiendo nuestra propia suciedad? - Volvieron a mirar a Pleco y ...
- Lo sentimos, ese es un trabajo que te hemos asignado a ti... - Y se fueron.

Pleco lloró y lloró. Todo lo que el creía, era una mera ilusión. Los peces solo pensaban en ellos mismos, manchando y ensuciando todo lo que podían sin preocuparse de nada más que no fuera ellos.
Así que Pleco, se pegó al cristal del aquario. Se pegó tan fuerte, que el día que murió, su esqueleto aún seguía allí pegado.
Nunca se volvió a hablar de él en el aquario. El dueño, volvió a comprar una bomba para limpiar. Algunos peces, al no poder cargar a nadie con su suciedad, intentaron cargar cada uno con la suya propia. Poco a poco, al no saber reciclarla,  fueron explotando, dejando así al resto de peces, totalmente despreocupados y esperando que otro limpiafondos se ocupara de sus diferentes..."deposiciones".


Para los que en ocasiones nos sentimos un Pleco...
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