jueves, 5 de mayo de 2011

Camino de Oz




Despertó perdido el muchacho dentro del camino de baldosas amarillas.No había hada, ni polvo, ni magia. Sumido en profundos pensamientos se quitó las legañas ante el nuevo amanecer y continuó su camino.
Andando recto se mantuvo. En el viaje pudo contemplar elefantes rosados que con sus trompas poesías recitaban, Flamencos azules volando sobre el lago negro de la tristeza y tortugas tan veloces que con su vista apenas podía ver su silueta.


El muchacho anduvo y anduvo sacando fuerzas de flaqueza, pensando más con los pies que con la cabeza, esperando una meta en el horizonte que día tras día pintaba diferentes colores. En la noche voces oía, voces o cánticos familiares que ante su incerteza no podía conciliar el sueño tan anhelado.Muy temprano despertaba ante tan corto sueño. Había veces que la niebla le acompañaba, otras las tinieblas, y en ocasiones los cielos azules como el océano seguían sus cortos pasos.
Cuando se encontraba decaído pensaba en el gran mago que tanto le habían hablado, pensaba en la gran y única pregunta que debía hacerle, pensaba cual podría ser la correcta.
Una mañana una ola de grandes aves-mono le acechó. En lo alto, al pasar por su faz insultos y mofas le profesaban mientras seguían su curso. El muchacho bajó la vista y continuó su camino; recto y brillante, pero no tan seguro y radiante.

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