viernes, 13 de noviembre de 2015

La comprensión del perdedor

Desenterré el amor de aquel lugar remoto donde lo dejé,
encontré debajo de este uno más especial,
uno que creí perdido.
Lo abrí y me lo llevé.
Salté, jugué, reí...
habían días duros
días dolorosos,
pero con este amor seguía saltando, jugando, riendo.
Los días buenos continuaron
y yo con mi amor seguía,
tomaba helados de vainilla con cookies,
tostadas para desayunar,
y gustos culinarios de lo más variado.
Los días malos volvieron,
pasaban como tormentas tropicales,
destrozando todo a su paso.
Pero yo con mi amor lo superé,
hicimos un plan 
y pareció que encontramos una solución.
Volvía a estar todo bien,
volvieron los juegos, los saltos, las risas, los proyectos...
podía con todo.
Música en parques temáticos,
laser tag,
mimos y caricias...
Pero de nuevo una tormenta pasó,
arrasó con todo y se quedó unos días,
el último de ellos ya no quedaba nada.
Ya no saltaba, ni jugaba, ni reía.
El amor volvió a su caja,
más adentro que antes.
La tormenta aun colea,
pero al menos sé que jugué, reí, salté...
y amé,
con ese amor. 

                                                                                      
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