martes, 3 de noviembre de 2015

Cuenta la historia


Esta es una historia jamás contada. Una historia teñida de sangre, de sufrimiento, de amor. Entre un licántropo y una posadera.
Hace mucho tiempo, en el antiguo valle de Poe, dentro del país de los cuentos perdidos;
Cuenta la leyenda, que en las vastas montañas de Poe, un lobo atormentaba a los pastores. Por aquellos tiempos del largo invierno, arrasaba el ganado, e incluso algún campesino. Creando el terror en el valle.
Nadie pudo darle caza jamás. Ni los campesinos, ni los más intrépidos cazadores de todo el valle.
Decían que aquel animal era el mismísimo diablo, aunque pocos realmente habían llegado a verlo de cerca.
Hasta que una noche un niño, armado con la escopeta de su padre, al ver una sombra acechando al ganado, disparó al azar. No encontraron nada, solo los restos de sangre. Los hombres siguieron su rastro hasta el río, pero misteriosamente el olor y las pisadas desaparecían al llegar.
Tres kilómetros más al norte estaba el pueblo de Cortázar. Allí en el Mesón del Tresor servían la mejor cerveza y el mejor estofado del Valle.
La gente comía y bebía, cantaban canciones de grandes hazañas pasadas, pasaban el rato en una armonía alcohólica y culinaria, como tantas y tantas noches en aquel lugar.
Entre fogón y fogón, Liviana, la posadera escuchó un aullido de dolor. Al escucharlo, salió a ver que era. No vio nada a simple vista.
- Un perro cualquiera - pensó.
Salió con tres platos al comedor, donde la gente seguía impasible al frío y los tormentos de fuera.
Entonces algo llamó su atención. En una de las mesas del fondo, sin el calor de las velas, una sombra se hallaba sentada. Se acercó con la intención de ver que deseaba, entonces alumbrándolo con su candelabro vio a un hombre, de negros y largos cabellos, mirada penetrante, delgado y algo mojado y vacilante.
- Qué desea? - Le preguntó ella.
- vino - espetó este con la mirada perdida.
Levaba la ropa mojada y rota, su cabello estaba sucio, como el resto de su cuerpo, su brazo derecho temblaba, manteniendo la mano en el bolsillo.
- Le dejaré unas velas en la mesa - le dijo ella.
- No, sin luz! - contestó el de manera contundente.
Minutos después, Liviana le sirvió el vino. Al servírselo, el alargó su mano derecha y agarró la botella. La mano le sangraba profundamente. Al ver él, que Liviana se había percatado, se giró bruscamente y le pidió que se fuera lanzándola tres monedas de bronce. Mucho más de lo que valía el vino.
Aquel ser, permaneció durante horas en el mesón. No se movió de allí, observaba desde su asiento y de tanto en tanto pedía más vino. En una de esas ocasiones, Liviana le llevó un pañuelo.
- Será mejor que se limpie esa herida - Le dijo ella.
Entonces, el la miró y le dio las gracias.
Liviana era una chica Lozana, de cabello negro y largo, con una mirada penetrante y de tono alegre.
Ella le miró y le sonrió.
- dime tu nombre- Le dijo el.
- Liviana -
- Yo soy Ledger - Contestó el.
Aquella noche hubo luna llena.


Tres días pasaron de aquello hasta que al cuarto día, un día de cacería, cuando los perros estaban en la puerta, y sus amos bebidos en el interior del local, un silencio se apoderó del lugar. Ningún perro ladró, y solo el sonido de la puerta, tenue pero perceptible se escuchó.
Un joven, de negros y largos cabellos, se acercó a la barra y vino pidió.
Liviana, era una chica muy hermosa, con varios pretendientes. Pero al sentir su voz, salió con la botella de vino de la cocina. Al pagarle, Ledger le devolvió el pañuelo y la invitó a cenar.
Dicen que en aquel momento, se volvieron inseparables. Nadie sabía la procedencia de el,
pero tampoco nadie vio tan feliz a Liviana como en aquellas semanas.
Los dos de cabellos negros, de miradas fijas, de amplias sonrisas...






Publicar un comentario