sábado, 27 de julio de 2013

Dispara


Siéntale en una silla,
átale.
Que quede la cabeza derecha.
Prepara tu arma,
lánzale las palabras,
descárgate,
dispara.
Elije bien,
el hígado,
la rodilla,
un tobillo...
reviéntalo...
...dispara!!

Lo notas!?
es el placer de descargar la bala,
de mirar como revientan los órganos ante la violencia del impacto,
es el sentirte mejor destrozando algo bonito.

Carga el arma,
lanza más palabras,
dispara de nuevo,
descarga tu ira y frustración a través de un nuevo agujero,
salpica tu cara con la sangre de tu víctima,
insufla el olor de la pólvora de entre tus dedos...
...excítate.

Repite la acción,
borra esos ojos que te miran,
vacilantes, aun con luz...
...revienta esa mirada,
aunque sea física,
aunque la recuerdes el resto de tus días,
dispara!!!

Observa como todo sale disparado,
todo está esparcido por todos sitios,
en todas partes,
en tus brazos,
en tu pelo,
en tu boca...

Y ahora,
el golpe final.
Destroza ese corazón,
aun palpitante, vivo.
Que acelerado ante la evidente carga de trabajo,
se apresura a morir,
a pararse.
Evita que lo haga solo.
Dispárale,
revienta el centro de la vida,
de las emociones,
del todo!!!
Coge el arma y acaba con esto.
Experimenta el placer del final,
destroza ese último trozo de carne.
Vacía el cargador hasta que no quede nada...

Y después mírate,
y llora por fuera,
todo aquello por lo que no lloraste por dentro...


 
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