martes, 13 de agosto de 2013

De una sirena a un lobo

Qué hondas raíces las tuyas,
qué hondas raíces las mías,
aún siguen entrelazadas
como un barco a la deriva.

Que aunque pasen milenios,
años, meses, tantos días…
Cuartos menguantes, crecientes…
Alergias, fiebres amarillas…

Y aunque reviente este mundo
y se haga miles de astillas…
Aunque se hiele el infierno
aún al sol de mediodía…

No hay nada, nada de nada,
que rompa este buque insignia.
Aquello grabado a fuego,
con un hierro en carne viva.

Algo vivo entre nosotros
para lo que no hay lejanía
ni fuerza posible alguna
que pueda hundir esta cima…

Aquel tiempo ya pasado
que nadie entender podía…
Aquel tiempo como aves
renaciendo en las cenizas…

Tú, tan dócil y salvaje,
te lamías las heridas…
Gruñendo en la lucha a muerte,
enseñando tus encías.

Yo, tan sirena amputada,
cicatrizando las mías,
aún resisto en tierra firme,
libre de melancolía…

Nada cambia… Sirena, lobo…
Somos los mismos que un día
unimos nuestros caminos,
compañeros en la vida...

Lobito, que vuele el tiempo
y que se pase la vida…
¡que aunque tardemos en vernos,
nuestra amistad no se enfría...!
 
Patricia  Aliaga Giménez
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