jueves, 24 de marzo de 2011

Burned Head


Como pétalos negros de rosas,
ensangrentadas las manos de penosos recuerdos.
Olvidos del ayer
bañados en vainilla.
Los dulces besos hechos película
y con ellas el olor a la primavera.

El oráculo predijo el final,
pero a mí nadie me lo dijo.
Choqué contra la astucia de los viejos
y mis morros dieron contra el infranqueable suelo de la verdad.

- Y qué es la verdad? - Le pregunta un niño a Dios.
Dios no tiene respuestas.

Dolor,
dolor punzante en mi cabeza,
penetrando lenta y dolorosamente hacia las entrañas de la mente,
una mente maltrecha y con arrugas,
devorada por los gusanos
y castigada por el tiempo.

El sabio,
creador de los recuerdos tempestuosos,
inamovible de su sillón de piel,
que una y otra vez nos trae imágenes del día en que tocamos la felicidad,
de aquellos momentos que perturban la calma que has ido creando dentro de otra ilusión.

Y así,
sentado en las escaleras invisibles,
como invisibles son las sensaciones,
espera un joven el momento de hacerse adulto,
el momento de dejar de soñar y recordar...
que algún día lo hiciste.
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