martes, 11 de junio de 2013

De pies a pies

La carga se hacía pesada,
los días,
aunque buenos,
eran largos.
En sus ojos, no había color,
puesto que el azul del mar se quedó reflejado en ella.
Sus curvas daban sentido a sus giros,
sus bailes,
sus caderas,
que hacían tan simple un movimiento tan complejo.
Sus labios,
sus labios parecían obra del mejor pastelero de parís,
hechos a medida.
Su boca,
guardaba la mejor sonrisa de Viena
y de sus labios...
de sus labios de la boca,
los más dulces y calientes besos de la galaxia convertidos en pequeños bocados de realidad.
Sus senos,
voluptuosos,
maduros,
esbeltos,
aparecían en cada sueño de su corta noche.
Amaneciendo cada día con una inconfundible,
pasmosa e inútil erección.
Dando la bienvenida a un nuevo día,
intentando una masturbación en vano,
radicada en un pasado,
en un futuro;
en un presente de espera.

De errores se aprende,
de los errores sueñas,
los corriges y vuelves a soñarlos.
Y así,
una y otra vez,
mirando el reloj,
en su lento pasar del tiempo,
y en su rápido movimiento mental,
una y otra vez,
mirando como el tiempo se detiene entre sus pensares.

Repitiéndose a si mismo.
Que no todo vale o prevalece,
pero en ella,
su reflejo,
su vida,
su erección,
dice lo contrario.

Volviendo a despertar envuelto en sudores y pasmosas erecciones.


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