sábado, 25 de junio de 2011

Atado a sí mismo



El silencio y los nervios
condenaron su cuerpo
en un espacio sombrío.

Luces que llegaban al alba,
con el roce de una mano,
la mueca de una cara.

Bolsas llenas arrastraban sus piernas,
dolores convertidos en silencios,
somníferos tragados como sueños.

Boca arriba despertaba,
erguido se mantenía,
en reposo Don caballero.

De nervios lleno estaba
más su ímpetu no cesaba
su sangre aún sentía que hervía.

Pero he allí un alma caritativa,
de sonrisas en gominolas
y palabras embriagadoras.

Y he aquí el perfecto final,
de un alma ruda y cerrada,
que cuando se abre...rápidamente se la insta a cerrarse...
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