sábado, 19 de diciembre de 2015

Los últimos suspiros de Simón


Estábamos comiendo tranquilamente. Mi colega con el facebook y yo con mis cosas mentales. De pronto, mi colega me empieza a hablar.
- Has escuchado eso? lo has escuchado? pero no ves el gato? -
Me giro y veo un gato enorme en medio de la carretera. No se mueve. Muchas personas a su alrededor, que no se atreven a acercarse por temor a un ataque. El gato les mira y reta, mientras agoniza.
Salgo del restaurante y me acerco a el, aparto a la gente y me siento a su lado.
Tiene una pata rota, le veo los ligamentos y huesos. Y sangra de la boca. Al principio me bufaba, pero al ponerle la mano encima de la cabeza y mirarle a los ojos, dejó que me acercara.
Lo primero que hice fue sacarlo de la carretera, al moverlo, pude tocarle la tripa y costillas, cerciorándome que varias de ellas estaban rotas, entonces decido llevarlo al veterinario mientras el resto de la gente busca a su dueño por los edificios de alrededor.
Al cogerlo, él me miraba, como dándome las gracias...y como despidiéndose. Sus pupilas estaban enormes, su respiración era lenta y agónica, casi no podía tragar saliva. Entre paso y paso me miraba, le dolía la vida. Yo le calmaba y le pedía disculpas por los vaivenes.
El veterinario estaba cerrado, el teléfono de emergencia parado. Un vecino se acerca y me dice que hay otro veterinario ocho calles más arriba. Comienzo a intuir que no llega.
Vuelvo al restaurante con el gato aun mirándome. Indico a mi amigo que me acerque al veterinario, mientras un chico se aproxima a mi con la cara descompuesta.
El gato me mira y pestañea dando las gracias, se lo doy al chico, le mira y deja de respirar.Él le mira y exclama:
- Simón, di algo. Simón...no me lo puedo creer!

Simón murió en sus brazos. Fui incapaz de salvarle.



Si hay un cielo, un lugar de descanso. Ha de ser animal.
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