jueves, 25 de abril de 2013

Siempre tarde, nunca a tiempo

Cuando las cosas no llegan,
corres.
Cuando corres,
te despistas.
Cuando te despistas,
te desorientas.

Esperé una sonrisa,
espere un abrazo,
esperé una llamada,
esperé y no desesperé.

Pero llegaba tarde,
como siempre.

Sentado esperé de nuevo,
sonreía a la mañana,
a  los colores de la tarde en la Sagrada Familia,
a los vecinos que coincidían sacando el perro en la calle...

Mis manos volvían a crear,
mi cabeza iba a mil de ideas,
pero llegaba tarde.

Lavando mi cara de esperanza,
cargaba fuerzas,
me ponía en marcha,
andaba con la cabeza alta...
...pero llegué tarde.

Por las noches,
mi cuerpo cansado cobraba vida,
mi corazón bombeaba con fuerza,
mi sueño...
...desaparecía.

Cada día,
pasaba a otro día,
a otra noche sin sueño.
Abrazando el vacío,
esperando el mañana.

Llegué tarde...
...encontré la hora.

Sentado en un parque recordé mis inicios,
y aunque ya lo hiciera anteriormente,
volví a jurarme que nunca más,
volví a salir del pozo del amor,
del desgastado,
perverso,
he injusto amor,
o lo que llamen amor.

Ya no tengo hora de llegada,
mi reloj a parado.
Me tomaré un té con el conejo.
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