viernes, 9 de enero de 2009

El tren del pasado

Acompañando a mis padres a Barcelona en tren,
todo el trayecto estaba cubierto de nieve.
Ese gran manto blanco me transportaba a otras épocas,
épocas en las que buscaba un amor que nunca tuve:
el amor paterno.
Las cosas nunca cambian por que si,
la realidad es que no cambian.
Por mucho que te esfuerces o por mucho tiempo que pase.
Todo queda igual.
El manto blanco simbolizaba las capas,
esas capas que se van poniendo,
unas encima de otras y así sucesivamente,
sin llegar a ninguna parte.
Y como no hay final sin un principio,
los principios de este lobo solitario comenzaron desde muy joven.
Sintiendo como me arropaba una soledad sin nombre.
Estos días fueron quitándose de mi todas esas capas que yo mismo me había puesto.
Oportunidades que das sin merecer.
El tren sigue su curso en silencio,
la claridad de la nieve crea ese silencio,
el silencio de tus disculpas,
esas que nunca escuché,
esas que nunca se pronunciaron.
Por mucho que pasara
siempre era culpa de otro.
Las estaciones de tren se van quedando atrás una de otra,
como pasaban los días en los que esperaba que se hiciera de noche y asi sucesivamente.
Se acabó la nieve,
la realidad la tengo ahí delante,
callada
impasible ante los hechos,
dándome la espalda...
...por última vez.

Tu no me has creado,
a mi me ha creeado la vida...
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