lunes, 18 de mayo de 2015

Control descontrolado

Mario es un chico peculiar.
No acabó los estudios, pero tuvo una flor. La fotografía.
Su vida cambió totalmente, el día que comenzaron a publicarle sus fotos. Antes era mozo de almacén.
Ahora vive en un Loft del Borne.
Trabaja mucho, y por todo el mundo, pero no madruga. Simplemente se despierta, coge la cámara de fotos y sale a la ventana. Tarda un par de horas en despejarse del todo y tomar su primer café doble, que acompaña con otro justamente después.
Mario trabaja muy cerca de casa, pero va en moto. Dice que lo prefiere antes de tener que cruzarse con gente. Le pone nervioso.
En su estudio trabajan 12 personas, todo chicas menos Luis, su becario.
Luis se encarga del teléfono, el café y los paseos y la estancia de la perrita de Mario cuando éste esté de viaje; Lagertha, su Bull Terrier de 40 kilos.
Hoy toca elegir fotos para una exposición. Se encierra en su oficina, pone Aphex Twin y se hace cuatro rallas de palmo. Entonces comienza a poner las fotos por todas partes, esparcidas por suelo y mesa, dejando todas a su vista. Las mira y remira seleccionando algunas y descartando otras. Hasta que le quedan pocas. Con eso puede pasar toda la mañana, y que lo le molesten. Despidió a dos becarios antes de tener a Luis por ese motivo.
Al medio día se va a comer. Él no cocina, va a un restaurante Vegano del centro. Se pide una botella de vino y una Musaka vegetal. Después de hincarse la botella y el café, va al baño a ponerse un poco más.
Luego  va a casa, pone Venetian Snares, en repetición "1000 years" y se prepara para ir a la fiesta de de esta tarde.
Se pone lo primero que pilla y se sienta en el sofá mientras suena la musica, relajado...
Al ser fotógrafo, a Mario le llaman para muchos sitios, eventos, fiestas o peloteos en general. Realmente no le gusta ir, pero es la gente que le paga al fin y al cabo.
Así que llega el taxi y le lleva a la fiesta.
Esta vez es en una especie de polígono, donde se va a celebrar una fiesta llena de modelos, Dj´s, representantes y drogas.
Mario sonríe y es cortés con la gente, aunque realmente esté hasta las cejas y posiblemente le importe muy poco todo eso. En cuanto cree que ha estado lo suficiente, se lía con la que sea y se la lleva a casa. Siempre las manda a casa después de follar. Se enciende un porro y se sienta en el sofá mirando a la calle.
Así es su día a día...Mario tiene 32 años.
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