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miércoles, 27 de enero de 2021

Montañas rusas

 



Lo peor de tener depresión, es tenerla.

2020 iba a ser mi año, lo sentía así, lo veía.

Lo comenzaba con el enésimo y último desplante de mi (ex) pareja, con las ganas y la seguridad de dar un paso más como cocinero y quitándome lastre de cosas o personas que no aportaban absolutamente nada en mi vida.

En febrero, la ciudad se preparaba para el Mobile World Congress, una de las ferias tecnológicas más grandes del mundo. En esa semana, la ciudad y sus Restaurantes se llenaban hasta la bandera.

Pocos días antes, diferentes marcas y patrocinadores anunciaban su renuncia a acudir por miedo a un virus que estaba causando estragos en la vecina Italia. Se llamaba Covid_19 y aunque aun no lo sabía, se iba a convertir en mi mayor enemigo.

Una mañana, al llegar al trabajo iba leyendo las noticias y en cuestión de treinta minutos, 120 empresas anunciaban su renuncia al MWC. En treinta minutos! La consecuencia: Se anula el evento.

Barcelona cayó presa del pánico. Con pérdidas de más de 500 millones de Euros y 15.000 empleos!

"No pasa nada, nos sobrepondremos a esto" Pensé.

Unos días después, la empresa para la que trabajaba me despedía.

"No pasa nada, se me quedaba pequeña" Pensé.

Comencé a buscar trabajo, o mejor dicho, comenzaron a llegar ofertas:

- Alemania, Austria, Italia, Portugal, Argentina, Estados Unidos...

Me tomé unos días para valorar las propuestas, hasta que mi archienemigo volvió a aparecer y primero Italia, después España y así el resto de Europa, cerró!

Pasamos a la ley marcial o confinamiento domiciliario.

Las ciudades se quedaron desiertas y todo cerró.

"No pasa nada, la situación se controlará en breve" Pensé.

El confinamiento lo pasé haciendo fotografías de un presente apocalíptico y un vacío hermoso.

Mis cuentas cuadraban, había conseguido tener un colchón de ahorros por si acaso. Pero entonces, Hacienda me dio un palo con mi declaración y una compañera del piso ( a mi nombre ) decidió dejar la habitación sin comunicármelo. 

Consecuencia: Adiós colchón.

"No pasa nada, esto no durará mucho" Pensé.

Los días pasaban entre salidas fotográficas, películas, literatura y amigos.

No habían ofertas. De ningún lugar! Aunque después de muchas entrevistas, conseguimos compañera de piso nueva.

Llegó Junio y la "llamada" desescalada. Las cosas comenzaron a abrir y las ofertas de trabajo, poco a poco volvían a aparecer, aunque no como pensaba. En mi sector ( la hostelería ), rozaban la esclavitud.

Así que cuando recibí la llamada de una amiga, para trabajar en el campo en Lleida, no lo dudé.

"No pasa nada, estaré entretenido y cuando vuelva en Septiembre, todo habrá acabado" Pensé.

En Lleida, trabajábamos de sol a sol por 6.04 Euros la hora. Y digo de sol a sol, por que si llovía, ni trabajabas y por supuesto ni cobrabas.

"No pasa nada, al menos respiro aire puro" Pensé.

Un fin de semana pude bajar a casa y desconectar del campo. Hicimos unas copas, una cenita y varios de mis amigos decidieron que la amistad que les brindaba debía sujetarse a unas condiciones dictatoriales o me retirarían la palabra.

"No pasa nada, no puede ir en serio" Pensé.

De vuelta a Lleida, el nivel de digamos explotación y maltrato llegó a tal punto, que una semana antes de concluir, dimití.

"No pasa nada, al menos he podido disfrutar de la naturaleza" Pensé.

Y así llegamos a Septiembre, conocí a alguien especial, se avecinaba mi cumpleaños...y el de mi padre.

Comenzamos a barajar la posibilidad de bajar a Benidorm...pero entonces, cerraron las Comunidades Autónomas.

En otro orden de las cosas, no me mandaron los papeles de Lleida, con la consecuencia directa de no poder renovar mi prestación de desempleo.

"No pasa nada, algo saldrá" Pensé.

Y entonces, la hostelería volvió a cerrar.

Me mantuve entretenido cocinando...y me volqué de lleno con la pastelería. Poco tiempo después, volví a la cocina en Sitges, de la mano de un buen amigo.

Gran cocina, buena carta, buen lugar. Era una gran oportunidad para seguir soñando.

Pero entonces, la hostelería cerró de nuevo.

"No pasa nada, en breve volverá a abrir" Pensé.

La falta de dinero y de recursos eran desde hacía semanas una realidad.

Opté por volver a la cocina tradicional ( en casa ). Ya sabéis:

- Potajes, cremas...se aprovecha todo absolutamente.

Aunque claro, tuve que cortar cualquier gasto innecesario. Lo que conllevó a salir solo para lo necesario y limitar las compras.

"No pasa nada, puedo con esto..." Pensé.

La hostelería volvió. Aunque no como yo creía. Con unos horarios paupérrimos y unas ofertas denunciables, al mismo tiempo que terriblemente colapsadas.

Aunque salió la opción de hacerme cargo de un local cerca de mi casa. Después de horas trabajando con un amigo, preparando carta y vinos. La propuesta cayó.

"No pasa nada, al menos me han pagado lo que quedaba de prestación" Pensé.

Llegó la navidad y con ella una de las tetas del capitalismo. Se dio rienda suelta a las grandes superficies causantes de la pobreza y la explotación para poder abrir de par en par sus puertas, no así a la hostelería. Así que probé a pasar las fiestas con mi familia.

Pero las Comunidades Autónomas decidieron cerrar sus fronteras.

"No pasa nada, las celebraremos en casa con los amigos, seguro que después de fiestas vuelve la calma" Pensé.

Entre tanto, otro amigo vino a vivir al piso, parecía que tenía pareja y que la cosa se calmaba.

Pero el gobierno alargó las medidas hasta después de la navidad.

Consecuencias: Se me acababa el dinero, la esperanza, la ilusión...

Comencé a quedarme en la cama, a dejar de hablar, salía poco de casa...respondía de manera abrupta a mis amigos.

"No pasa nada, me voy a cagar en su puta madre..." Pensé.

Así llegué al 8 de Enero. Ese día tenía dos propuestas:

- El aniversario de una amiga

- Y el aniversario de mi pareja

No fui ni a una, ni a la otra. Me recluí en casa, sin saber quien cojones era o que me estaba pasando.

Consecuencia: Perder la cabeza.

Pocos días después desperté y me vi en el lodo.

"No pasa nada, de esta se sale hablándolo y reconociéndolo" Pensé.

Lo valoré como una victoria. Reconociendo mi caída en picado en depresión, podría salir de ella. Así que lo hablé con un par de amigos y con mi pareja. 

Consecuencia: Nadie se lo tomó en serio, mi pareja se alejó y yo me quedé hablando con la pared.

"No pasa nada...no pasa nada? Me cago en d..s!, si que pasa! esto va a cambiar" Afirmé.

He cambiado mis hábitos. No hay esperanza, pero aun así salgo del pozo. 

Aprovecho las horas de luz. La fotografía y la cocina me motivan y alimentan. Y las palabras me ayudan a explicar y comprender lo que ha sido un año lleno de obstáculos y superaciones.

"No pasa nada, es mejor esto que morirse" Dijo una niña.



sábado, 23 de enero de 2021

Caminando bajo el sol

 




Las cosas han ido tan mal que al final no pude soportarlas,

dejé de ver lo bueno,

dejé de sonreír y de hacer reír.


Pasé tanto tiempo caminando bajo el sol,

que olvidé mirar atrás,

y me hallé solo.


Las cosas duraron tanto que olvidé navegar.


Desperté entre sudores y escalofríos;

vi mi reflejo en el espejo y me asusté.


Busqué ayuda,

pero ya era tarde.

Miré atrás,

y estaba allí.


Pasé tanto tiempo caminando bajo el sol,

que olvidé mi esencia en la estación.


He perdido tanto tiempo,

que él mismo me despertó.


Y ahora respiro aliviado,

pensando que no todo estuvo mal.



lunes, 18 de enero de 2021

Pulga

 

Tu eras mi chispa,

mi alegría,

mi motivo para sortear los obstáculos.


No importaba nada,

ni nuestras diferencias,

ni nuestra edad.


Tu eras lo que quería,

sin haberlo pedido,

sin haberlo creído.


Una pulga saltando por mi cama,

una yonki de mi olor,

una brisa de aire fresco.


Tu eras lo mejor que tuvo un nefasto año,

la pausa entre mis batallas,

el abrazo de las noches.


Una muñeca parlante,

una vendedora de órganos,

una superviviente.


Me enfrasqué en caer,

me asfixié con mis temores,

desperté tarde y perdí. 

jueves, 14 de enero de 2021

Recuperando terreno

 

Caí,

caí bajo,

muy bajo.

Quizá llevaba semanas,

o meses,

aunque no lo vi.

Cuando desperté,

aún estaba cayendo,

sin brazos donde apoyarme.

Perdí esperanza,

perdí brillo,

perdí alegría.


Y seguí cayendo,

y cayendo,

hasta que toqué el suelo.

Y allí abajo,

me vi solo,

me vi oscuro.

En absoluta oscuridad,

recuperé un mechero

y pude ver una puerta.

Apagué las dudas de mi desidia,

abrí la puerta

y tras de sí encontré tres puertas más.

La primera se llamaba confianza,

al entrar hallé a seguridad,

recuperé esencia.

La segunda se llamaba amistad,

al entrar hallé a espíritu,

recuperé pureza.

La tercera se llamaba sinceridad,

al entrar estaba un espejo que solo a mí reflejaba,

recuperé valentía.

Al salir,

respiré,

recuperando a paciencia.

Siempre que se cae se pierden cosas,

se olvidan sensaciones,

se nubla la mente.

Pero es justo al final,

cuando se sale de aquel pozo,

cuando puedes dar tu brazo.

martes, 1 de diciembre de 2020

El payaso sin suerte

  



Se apagaron las luces

después del espectáculo.


La gente aplaudió con júbilo 

y salió con orden de la sala.


Los técnicos recogieron el equipo,

los actores brindaron contentos,

los productores contaron billetes.

Y el payaso?


El payaso se sentó en el escenario

secando sus lágrimas

sin buscar consuelo

 ni porqués.

Viendo que cada noche cambiaba el guion

y que al final

el show que llevaba su nombre

 siempre acababa igual.


Para esa noche

preparó un número con una pulga

que encontró semanas atrás en su cama.

Pequeña

asustada

nerviosa

aunque a la vez viva

alegre

eléctrica.


Entre migas de pan y canciones se hicieron amigos

jugaron 

rieron

y soñaron.


Esa noche el payaso salió confiado al público

pero al abrir la diminuta caja de la pulga

ante su sorpresa

se halló que estaba vacía.


El público rompió a reír

viendo a el payaso

arrodillado ante la caja

llorando desconsolado.


Fue una historia corta

pero una más triste

en la vida del payaso

que ya todo lo ve de paso.




jueves, 3 de septiembre de 2020

Pause


Hace calor en la ciudad Condal,

dejé atrás el calor seco de Lleida,

para abrazar los últimos días de la humedad de Barcelona.

Me reincorporo a la sociedad del miedo,

de las mascarillas,

del consumo.

Escucho aventuras de unos y otros,

comparto risas y anécdotas de Lleida,

siento mi cuerpo pedir que pare.

Fotogramas del amanecer,

objetivos vacíos e insulsos como placebos,

días incesantes a ritmo infernal.

Lluvias que erizan mi piel,

desvaríos  por el vallés,

días largos para mentes cansadas.

De nuevo en la vorágine,

en el mundo sin pausa,

en la humedad de Barcelona.



jueves, 20 de agosto de 2020

Roto

 

Roto,

dislocado,

destrozado.


Días difíciles,

momentos intensos,

días largos.


La cabeza me da vueltas,

la justicia la inventó un tramposo,

los nervios me pueden.


Días duros,

difíciles,

denigrantes.


La sangre me brota,

la mente dejó de pensar en positivo,

el cuerpo trabaja con ritmo.


Días jodidos,

días colgado,

días sin pausas.


Trago saliva,

marco el objetivo,

visualizo el tiempo hasta el siguiente brote.


Días que enseñan,

días sin relax,

días de experiencia.


Acaba la jornada,

abro mi lata,

saco mi ganja y respiro.



jueves, 30 de abril de 2020

Versos Pandémicos - 2


Días oscuros,
días soleados,
días consumidos en segundos.

Momentos sombríos,
dudas que carcomen la mente,
pasajes bíblicos en presentes agnósticos.

Paseos al sofá,
aire del patio,
vistas a la nada con mentes en blanco.

Barba poblada,
ánimo criptado,
futuros inciertos.

Canciones de culto,
películas sin audio,
libros en blanco.

Botellas amontonadas
para copas vacías
en mañanas sin resaca.

Días repetidos,
abrazos a la almohada,
vistas al espejo mirando el alma.

jueves, 23 de abril de 2020

Diario de una cuarentena (15)


Silencio, soledad, aislamiento, recogimiento, confinamiento...
Llamarlo como queráis, todo es la misma mierda.
No se cuantos días llevamos y sinceramente, me importa tres cojones la hora, el día, el mes; todo.

Antes de que pasara esta mierda, muchas veces pensaba que unos días relajado en casa, me vendrían perfectos para poder concentrarme, leer, escribir, cocinar, o lo que me salga de los mismísimos.
Ahora, los días pasan a ser simples copias de los anteriores con pequeñas variaciones.
No consigo concentrarme.

He visto mi vida pasar, aquel tiempo que jamás recuperaremos, del que hablaremos dentro de un tiempo.
"Recuerdas cuando íbamos de fiesta y estaba lleno de gente?"
Hemos comprobado en primera mano como importan más las empresas y los intereses que las vidas humanas:

  • Las empresas se acogen a ERTEs cobrando del estado mientras siguen oprimiendo al obrero.
  • La industria armamentística mundial registra récords históricos.

Como se ha extendido el odio, la ignorancia, los deseos más oscuros del ser humano:

  • Políticos proclamando el odio.
  • Despidos en los servicios sanitarios ( aplausos a las 20h )
  • Curas bendiciendo en helicópteros.

No creo en las banderas, ni en los putos políticos, ni en los nacionalismos.
No consigo concentrarme entre tanta hipocresía.

silencio, soledad, aislamiento, recogimiento, confinamiento...a veces siento que muero


miércoles, 1 de abril de 2020

Diarios de una cuarentena (7)


Esto comienza a no tener gracia.
Empiezo a portarme bien, no salgo de casa, me paseo todo el día en chándal.
No es un chándal al uso; es el pantalón del Atleti.
He perdido la noción del tiempo.
Ya no sé ni que día, ni cuanto llevo, ni si debo dormir, levantarme o comer.
He pasado días sin dormir, sin darme cuenta, tirando el tiempo por el retrete, haciendo cualquier cosa estúpida que entretuviera mi cabeza.
He sido incapaz de ver ninguna serie, tampoco he acabado ningún libro, ni estoy escribiendo mucho.

Visto así parece que describo una depresión con Covid.

Por otro lado, el aislamiento tiene que gente que hacía mucho que no sabía nada, en su miedo a la muerte, te envíen mensajes diciendo lo mucho que te quieren. Curioso.

sábado, 14 de marzo de 2020

A vueltas


Me vendí,
me sentí peor.
Fui vulnerable,
hacia el mundo esquivo.
Me duelen las palabras,
me matan los hechos.
Ser un bicho raro es un quilombo,
todo va en tu contra.
Me canso de todo,
en una Europa asestada por un virus programado.
Ser leal.
Ser leal a qué?
Los valores cambian como la bolsa,
lo que antes no valía; hoy si.
Apesta.
Apesta la simple crudeza del ser humano.
Donde un día eres mierda
pero al siguiente eres la mejor de las mierdas.
Un puto título honorífico.
Mola la sensación de la nada,
aquella que con un eslogan,
cree poder perturbar tu descanso,
tu razonamiento,
tu ser...
pero tu sigues en ella; la nada.
Todo tiene un análisis,
la vida,
la salud,
el amor...
lo material morirá.
Voy a morir,
lo sé,
lo acepté.
Voy a morir pensando,
en todo aquello que vi,
que viví,
que amé,
que incluso llegué a soñar,
que incluso salió fatal...
que todo tuvo un por que,
una parte de mi,
una historia escrita en papel,
un te quiero; siempre un te quiero,
una manera,
en la que con una simple sonrisa,
debiera ser analizada para un bien común.
El razonamiento.
Estoy apagado...a 300 grados

domingo, 8 de marzo de 2020

Sigue siendo un sueño


Sigo soñando contigo
cuando sueño
cuando no lo evito

Sigo temblado cuando se de ti
cuando contesto
cuando siento

Sigo buscando respuestas
entre noches eternas
en cuevas oscuras

Sigo intentando quererme
hacerme más fuerte
más impenetrable

Sigo enfrentado en una cruzada con mi yo
el que ama a pesar de todo
y el que sobrevive a la tempestad del abandono

Sigo buscando las palabras
que me aporten coraje
que retraigan las punzadas

Sigo enfrascado en una espiral
donde el ahora fue ayer
donde los deseos no eran pesares

Sigo jodido con mi ser
por no sacar el amor propio
por ser la diana en la que poder disparar a quemarropa

Sigo soñando un sueño sin estar dormido
viviendo de un rayo de sol en la mañana
danzando en un baile nocturno en soledad

Sigo sintiendo la miseria de la confianza
sin creer lo que toco con mis propias manos
sin disfrutar del contacto con otros

Sigo soñando que todo es un sueño
un chiste malo
una broma pesada

Sigo enfrentado entre porqués
buscando la respuesta idónea
para acabar este maldito cuento

Sigo soñando que me equivoqué 
que me creí mis propias palabras
que caminé desnudo sobre cristales rotos

Sigo
a pesar todo
sigo

Amando como un niño
lanzándome al abismo
dando aquello que eres realmente

Sigo equivocándome
sigo razonando
sigo respirando

Sigo soñando contigo 
sigo soñando que sueño
sigo creando nubes de palabras

jueves, 27 de febrero de 2020

Cuatro días para seis horas.




Lugares que no cambian,
amistades que se reencuentran,
se alegran, abrazan, lloran.
Ciudades vividas, en otras vidas.

Nervios y conversaciones,
huesos helados por el frío,
por los reveses de la vida,
por olvidarse de uno mismo.

Análisis y más análisis,
sin poner mierda en aquellos que nos lastimaron,
aceptando tu propia responsabilidad,
encontrando respuestas entre grietas.

Noches que se vuelven días,
con tiempo que se difumina
entre cafés y sonrisas amigas.
Sol tenue con olor a naftalina.



viernes, 14 de febrero de 2020

San(tos) cojones


Te odio.
Trabado entre palabras y sentimientos,
cansado de tanta gilipollez políticamente correcta.
Te odio.
No debí hacer tanto el chorra,
buscando algo que cuando lo quiero me patea.
Te odio.
Risas arcaicas,
promesas vacías.
Te odio.
Palabras planas en mantos calientes,
sartenes de sal para heridas abiertas.
Te odio.
Canciones en repetición,
decepción tras decepción.
Te odio.
Arrepentimientos a cagadas,
corazones para apagar cigarrillos.
Te odio.
Sonrisas enlatadas,
para almas corrompidas.
Te odio.
Si lo pasado, ocurrido, sucedido, vivido, llorado, gritado...
si eso es amor...
Te odio.
Bailando a la luz de la luna,
no quiero oír tus pasos.
Te odio.
Ni eres santo,
ni eres valiente.
Te odio.

sábado, 1 de febrero de 2020

La Máquina del odio


No me siento cómodo.
El mundo se escapa de mis manos.
El razonamiento traspasa mis conocimientos.
El amor es endeble.

Me encuentro en un circo paradisíaco.
Donde no hay sentimientos,
solo máquinas movidas por likes.
Miedos y penurias.

Un juguete roto,
un pantalón pasado de temporada,
un color fuera de época.
El entramado estúpido del hombre para el hombre.

Achanto el dolor con sonrisas.
La soledad es abrazada por el tiempo.
El ritmo va en la sangre.
Las converse siempre cuando llueve.

No quiero odiarte.
No quiero odiar.
No odio.
Odio.

Todo me trastoca,
me transforma,
me perturba,
me deforma.

Decisiones y más decisiones,
como por varitas mágicas.
Elige una ciudad,
elige una vida.

Tengo una mano atrapando la agonía,
que no salga...del todo.
La otra saluda tímida al presente,
sin fiarse.

No me encuentro cómodo.
No sé quien eres.
No quiero abrirme más.
No quiero nada más.

jueves, 31 de octubre de 2019

Papeles



Sacando las últimas fotos,
de un camino angosto,
donde confluyen las verdades,
las mentiras,
los sueños
y las pesadillas.

Sacando los pies húmedos de la tierra,
manchando los calcetines de colores,
cubriendo de barro los pantalones,
salpicando la cara,
haciendo que las lágrimas se camuflen con ella.

Adopté la posición cómoda,
la que se suponía que debía,
la del instigador,
el jinete del kaos,
el alma errante,
el ser odioso.

Allí encontré un reflejo,
que solo buscaba vivir,
reír y soñar,
comprender para aprender,
pegar la sombra a sus pies.

Sacando las últimas fotos,
que plasman que el tiempo es superfluo,
que lo bueno pasa,
que no entiendo a la vida,
que no disfruto en continuo.

Sigo secando rosas de colores,
rescatando instantes,
trepando árboles hacia la nada,
buscando un color nuevo,
aceptando papeles que acortan amargos.

domingo, 13 de octubre de 2019

Con la soga al cuello


La tarde transcurría con normalidad,
entre besos y abrazos,
anécdotas y carcajadas,
polaroids y cervezas.
Nos subimos al coche para cambiar de sitio,
atravesamos el pueblo
y cuando pensaba que seguiríamos recto,
giramos a la izquierda.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Aparcamos el coche,
todos bajaron,
mientras yo cogía aire.
Lo había intentado dos veces anteriormente,
una voz en mi cabeza me decía que no pasaba nada.

Atravesamos el pasadizo que da lugar a la terraza,
cuando me dí cuenta,
todos estaban dentro.
Yo,
paralizado,
aun estaba fuera,
mirando la fachada de aquel lugar.

Allí disfruté en el pasado,
compartí grandes momentos,
conciertos,
cenas,
besos,
abrazos...
incluso trabajé allí.

Volví a coger aire y entré.

De golpe, me quedé sin palabras,
miré a un costado y al otro,
mi cuerpo temblaba,
mis ojos comenzaron a inflarse al mismo tiempo que mi garganta,
mis pies daban pasos hacia la salida.

No pude entrar,
la vista se iba hacia aquel lugar,
la imagen de aquel día volvió de golpe a mi cabeza,
solo quería salir de allí.


Me quedé fuera en un rincón,
mirando impasible aquel lugar con los ojos vidriosos.
mis amigos salieron al verme,
me abrazaron y me sacaron de allí.



No puedo entrar,
no se si algún día podré hacerlo,
no se si algún día podré comprender por que lo hiciste,
por que no estás allí dentro,
por que aquella sensación aun se clava en mi pecho.




Te sigo llorando amigo.





lunes, 7 de octubre de 2019

Divagaciones



A veces quiero huir.
De la gente que dice que me quiere y me oprime,
de la gente que me crea sueños y me teme,
de la gente que dice que me cree y me miente.

A veces quiero desaparecer.
De una vida que no confía,
en la que tengo que hacer puntos,
que no te valora por que si,
que te margina e intenta oprimir.

A veces quiero no ser.
No gastar mi energía en cosas imberbes,
no dar razón a la estupidez,
no dar abrigo a la desfachatez.

A veces quisiera no ser yo mismo.
Ya que es justo lo que a nadie le gusta.
Me gustaría tener un manual,
un algo que seguir,
una biblia de los cojones que fuera idónea; contemporánea.

A  veces escribo para vivir.
A través de las letras y sus significados,
de sus tildes y verbos,
de su sintaxis y correcciones.

A veces quiero y no puedo.
Ya que no está en mis manos ni en mis huesos,
ni en mi mente y mis sueños,
ni en mis sonrisas y mis cuentos.

A veces no me ubico.
Me quedo parado,
expectante en un mundo de monos,
helado ante el calor del olvido.

A veces solo miro y asiento.
Pensando en otro lugar,
en otra época,
en algún lugar donde colocar la ficha que no encaja.













jueves, 3 de octubre de 2019

Sin pensar


No lo pienses,
lánzate a la piscina,
nada es real.

Aunque lo toques,
o lo sientas,
nada es real.

Desmonta aquel puzzle
y vuélvelo a armar,
no lo pienses.

Desespérate de nuevo,
abrazando la esperanza,
entre trozos de cristal.

Imagina algo imposible,
deja abierta la ventana,
piérdete sin pensarlo.

No lo pienses,
solo hazlo,
nada es real. 

martes, 10 de septiembre de 2019

Menú degustación


Duelen como puñales en el pecho,
las duras palabras y los gestos sin receso,
las prohibiciones o consejos,
los muros interpuestos.

Duelen los momentos,
cuando tocas las hojas en el rocío,
las sonrisas compartidas,
y ahí de pronto la hostia infinita.

Duele rogar a la nada,
para que todo pase,
para que no enturbie el ambiente,
para poder disfrutar la velada.

Duele la violencia gratuita,
los cigarros a escondidas,
el nudo en la garganta,
la impotencia repentina.

Duele perder la energía,
entre imágenes marchitas,
acusaciones sin fundamento,
siendo el blanco perfecto.

Duele no poder celebrar algo tuyo,
por un solo momento,
sin pedir por favor,
que acabe ya todo esto.

Duele saber que te aman,
aunque te rompan por dentro,
te sangren las manos,
te mueras por pena.

Duele tener que escribirlo,
a corazón abierto,
para tejer las heridas,
para sonreír de seguida.