lunes, 18 de enero de 2021

En bucle

 

9.00h Levanta de la cama!

Abre la ventana y saluda al nuevo día.

Visita el baño y prepárate un café. 

Sal al patio, siéntate y tómate tranquilo el desayuno, mientras disfrutas de la última obra de la zona. Ya sea en tu edificio, el de al lado, o cuatro más al norte. No hará falta que remuevas el café, las vibraciones de la obra lo moverán por ti.

Vístete, lávate los dientes y con la excusa de sacar la basura, estira un poco las piernas y paséate por el barrio en busca de los últimos locales en alquiler o venta. Si tienes suerte, podrás entretenerte con el último desahucio.

De vuelta a casa, enciende el ordenador y prepárate para rellenar infinitas veces tu Currículum Vitae en infinidad de páginas de búsqueda de trabajo.

" Se necesita esclavo que trabaje mucho y cobre poco" 1500 personas se han inscrito.

"Empresa joven y con personalidad busca Sherpa" 890 personas se han inscrito.

"Empresa en expansión necesita urgente personas que no cobren" Se ha excedido el número de solicitudes.


Después de la depresión, cárgate de valor y escucha las fabulosas noticias del mundo.

- Todo es mentira, menos lo que publicamos nosotros - 

- En deportes: 22 millonarios con menos capacidad de análisis que una oruga, no son felices con sus sueldos - 

- El fascismo son los nuevos Hippies - 

- Tienes frío? Piense en la factura y ya verá como se calienta! - 


A todo esto, ya es medio día.

Visualiza la comida como si fueras Terminator y encuentra la manera de cocinar algo que te nutra, te sacie y llegue para más días.

Fúmate un cigarro y piensa fuerte, muy fuerte, que es un porro y que puedes abstraerte un poco de este circo.


Sal de casa y dirígete a una reunión, donde un niñato de mierda, te mira con una cara como si fueras el niño del pijama de rayas y te habla de un producto para el que ya tiene gente, pero son tan buenas personas, que esperan que bajes los costes, de tal manera que acabes perdiendo unos 0,50 céntimos por producto y solo digas "si Bwana".

Vuelve a casa andando. Entre el movimiento y la reunión, no hay Dios que note el frío.

Después rodéate de gente que está igual o peor que tu, pero que al verte "tranquilo", se creen con derecho para poder mearse en tu casa y darte putas lecciones de contraportada de libros de autoayuda.

Y por supuesto no digas nada, ya que se sentirán ofendidos y les importa una puta mierda.


Pregúntate a ti mismo si te hace falta cenar. 

Ya se sabe, lo que no comas hoy, te lo comerás mañana. Así que decide que tres días de la semana te darás ese capricho e incluso comprarás una cerveza que sabe a agua del Guadalquivir.

Ponte una serie, una peli, una serie/peli, ponte lo que sea joder!

Desconecta el cerebro e intenta rebajar tus pulsaciones.

Y para acabar, vete a la cama, donde el cerebro volverá a ir a mil por hora. Lo que te reportará unas 4h de intrépidas vueltas en la cama.


Si joder! 

Pulga

 

Tu eras mi chispa,

mi alegría,

mi motivo para sortear los obstáculos.


No importaba nada,

ni nuestras diferencias,

ni nuestra edad.


Tu eras lo que quería,

sin haberlo pedido,

sin haberlo creído.


Una pulga saltando por mi cama,

una yonki de mi olor,

una brisa de aire fresco.


Tu eras lo mejor que tuvo un nefasto año,

la pausa entre mis batallas,

el abrazo de las noches.


Una muñeca parlante,

una vendedora de órganos,

una superviviente.


Me enfrasqué en caer,

me asfixié con mis temores,

desperté tarde y perdí. 

jueves, 14 de enero de 2021

Recuperando terreno

 

Caí,

caí bajo,

muy bajo.

Quizá llevaba semanas,

o meses,

aunque no lo vi.

Cuando desperté,

aún estaba cayendo,

sin brazos donde apoyarme.

Perdí esperanza,

perdí brillo,

perdí alegría.


Y seguí cayendo,

y cayendo,

hasta que toqué el suelo.

Y allí abajo,

me vi solo,

me vi oscuro.

En absoluta oscuridad,

recuperé un mechero

y pude ver una puerta.

Apagué las dudas de mi desidia,

abrí la puerta

y tras de sí encontré tres puertas más.

La primera se llamaba confianza,

al entrar hallé a seguridad,

recuperé esencia.

La segunda se llamaba amistad,

al entrar hallé a espíritu,

recuperé pureza.

La tercera se llamaba sinceridad,

al entrar estaba un espejo que solo a mí reflejaba,

recuperé valentía.

Al salir,

respiré,

recuperando a paciencia.

Siempre que se cae se pierden cosas,

se olvidan sensaciones,

se nubla la mente.

Pero es justo al final,

cuando se sale de aquel pozo,

cuando puedes dar tu brazo.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Sacando

 

Me sacaron de las brasas,

cuando ya no creía en nada

y el aliento de la vida se perdía.


Me sacaron las sonrisas,

bajo un sol de justicia

y la espalda marchita.


Me sacaron de la soledad,

despertando en compañía,

dando la bienvenida a un nuevo día.


Me sacaron de los problemas,

cosiendo sueños en las noches,

abrazando con fuerza en las tempestades.


Me sacaron de mi burbuja,

dibujando nuevos paisajes,

compartiendo pensares.


Me sacaron de la apatía,

devolviéndome las letras,

traspasando mi alma.


Me sacaron a besos,

me estrujaron a abrazos,

desperté de nuevo.

jueves, 3 de diciembre de 2020

Matices


Matices
de un día cualquiera.

Pinceladas de historias,
sin finales felices.

Sin obligaciones,
ni explicaciones.

Paréntesis mentales,
atrapando vacíos existenciales.

Recuerdos bonitos,
con finales oscuros.

Pasteles de chocolate,
en moldes de incertidumbre.

Matices
 solo matices.


 


Luces entre sombras

 

Sentado en el patio,

agradeciendo los tenues rayos de sol que le dan en la cara,

con los ojos medio abiertos al ponerse justo delante del sol.


Sentado en silencio,

para poner en orden su cabeza,

posicionando los acontecimientos de un año para el arrastre.


Sin poder salir de allí,

enfrentando cada día el desafío,

buscando la respuesta sin pregunta.


Silencio,

el silencio como vía de escape,

como hormigón para que nada destape.


miércoles, 2 de diciembre de 2020

Sábanas Vacías


Dónde están mis alas?

Dónde quedaron las caricias?

Dónde escondo aquello que ha de ser enterrado?


Si las noches se convierten en días,

atrapado entre sábanas blancas,

sin tocar pieles ni pies.


Dónde está la razón?

Dónde dejo los despojos?

Dónde acaban los pesares?



 

martes, 1 de diciembre de 2020

El payaso sin suerte

  



Se apagaron las luces

después del espectáculo.


La gente aplaudió con júbilo 

y salió con orden de la sala.


Los técnicos recogieron el equipo,

los actores brindaron contentos,

los productores contaron billetes.

Y el payaso?


El payaso se sentó en el escenario

secando sus lágrimas

sin buscar consuelo

 ni porqués.

Viendo que cada noche cambiaba el guion

y que al final

el show que llevaba su nombre

 siempre acababa igual.


Para esa noche

preparó un número con una pulga

que encontró semanas atrás en su cama.

Pequeña

asustada

nerviosa

aunque a la vez viva

alegre

eléctrica.


Entre migas de pan y canciones se hicieron amigos

jugaron 

rieron

y soñaron.


Esa noche el payaso salió confiado al público

pero al abrir la diminuta caja de la pulga

ante su sorpresa

se halló que estaba vacía.


El público rompió a reír

viendo a el payaso

arrodillado ante la caja

llorando desconsolado.


Fue una historia corta

pero una más triste

en la vida del payaso

que ya todo lo ve de paso.




miércoles, 9 de septiembre de 2020

Paradas

 


No era una buena época para morir.

Aquella noche, después de una hermosa velada con amigos, donde pudo degustar de buen vino, buena charla, unos juegos al billar y buen humo; decidió caminar hasta el final de la Vía Layetana mientras determinaba que medio de trasporte le llevaría a su hogar. 

Llevaba semanas con dolor de espalda debido a diferentes quehaceres acaecidos las últimas semanas. Pero justo aquella mañana, le habían hecho Acupuntura!. Se sentía tan bien, que decidió continuar caminando hasta el Paseo Colón, atravesando la Plaza Antonio López hasta llegar justo en medio del Paseo Colón, donde se encuentra una parada de autobuses.

Se tocó la espalda, estiró un poco y caminó hasta la parada. Esa noche había llovido. Las calles reflejaban las cornisas de los edificios, los arcoíris de colores de la ciudad, mezclados con el ruido y la velocidad de los coches, pasando por cada lado del paseo.

Un autobús pasó a su lado. Era el suyo. Al percatarse de su presencia, sabía que si corría, llegaría. No tenía duda de ello. Pero también pensaba, que el correr no alarga la vida y que sencillamente, aquel autobús no era el suyo; dado que si lo hubiese o hubiera sido, habría llegado exactamente a su debido momento, y no al revés. Dícese de otro modo, en el momento justo o incluso unos segundos después de su llegada a la parada. 

Al percatarse de la tardanza del siguiente autobús y comprobando lo bien que respondía su maltrecha espalda, la agradable temperatura y el silencio apaciguante de una ciudad dormida. Continuó caminando por el centro del paseo.

El verano moría. Un verano atípico de un año insulso, en un mundo preso por el terror a la muerte.

Apenas se vislumbran coches, la tenue luz de las farolas dibujaban su sombra al caminar por el centro del paseo, mientras se lía un cigarrillo entre pensamientos que aparecen por su mente, como rayos en una tormenta. Pero no por peligroso, todo lo contrario; por extremo pero magnífico, rápido pero sutil, conciso pero a la vez fugaz, elocuente pero directo.

Un pensamiento quedó en su cabeza, le atravesó el cerebro y dejó de caminar.

Aturdido, pensó en el vino como causante de aquella certeza que había apuntado con tanta destreza a su cabeza, o quizá fuera el humo inhalado durante la velada. El caso es que por primera vez en su vida sentía que la vida le había cazado y aquello le hizo recapacitar. Armó de nuevo un cigarrillo al tiempo que un autobús paraba a su lado, justo cuando debía, a su debido tiempo/lugar/momento y continuó caminando encendiendo el cigarrillo.

Paso tras paso continuaba pensando. Nunca, jamás creyó que aquello le sucediera. Nadie le explicó jamás como afrontar semejantes crucigramas. Y que decir si cabe, que él tampoco se imaginó que llegara a este día. Perdón, esta noche fresca y apacible en la ciudad durmiente.

Decidió, al paso de la Plaza de Medinaceli poner en una balanza los pros y los contras de semejante enigma. Dejando en un lado el corazón y en el otro la razón para que estos a su vez analizaran cada caso. 

"A qué edad se deja de ser un crío?" o dicho de otro modo: "Soy un adulto?". Qué significaba todo esto? Debía cambiar su comportamiento? Acaso la madurez llegaba así, de pronto? Las incógnitas poblaban su cabeza al paso por la estatua de Colón. Se colocó en el centro de la rambla, dejando Colón a su espalda y contempló el vacío de la rambla Barcelonesa cuando apenas era media noche. El pensando en el paso del tiempo, en un mundo que lucha por congelarlo. Poético.

Con media sonrisa irónica, cruzó por la avenida Drassanes, hasta la calle del portal de Santa Madrona. Qué se supone que debía hacer? Había llegado hasta este momento sin pensarlo. No tenía ni una sola cosa que denotara el más mínimo atisbo de lo que supone la madurez propiamente dicha. Ni hipotecas, ni coche, ni plan de pensiones. Ni tan solo tenía trabajo. Y qué decir del resto? Ni mujer, ni novia. Ni hijos o mascotas. 

Parado en la esquina con la calle de Mina, miró con nostalgia lo que no hace muchos años era un lugar de encuentro y sosiego. Una antigua posada, desde hace tiempo cerrada. Era acaso un aviso del paso del tiempo? o un simple escalón en la evolución?  teniendo en cuenta por ello, en el sentido de evolución, la necesidad de avanzar. El no atascarse jamás en una parada. El saber que después habrá otra, y así sucesivamente. Dicho de otra manera, la necesidad incesante de nuevos estímulos. 

Sin darse mucha cuenta, la avenida Paralelo se abría a sus pies, cruzándola hasta llegar al parque de las tres chimeneas. Con la mente dando vueltas entre preguntas y respuestas inconexas. Era necesario madurar de una manera tan arcaica? Era aquella la manera en la que debía madurar? y si ya había madurado? y si aquella manera, la estipulada, no era otra cosa que esperar sentado a la muerte? Esperarla sentado?

Caminando por el pasaje de la Canadenca, con sus grafitis, su olor a orina, su esencia industrial. Levanta la cabeza, pone sus manos en los lumbares y respira con cierto sosiego. Si nunca había buscado aquello que llaman "prestablecido", por qué de repente sentía como una punzada en su cabeza, que aquello que no buscaba, le había encontrado a él?

A lo largo de la calle Vila i Vilà, antaño llena de gente risueña, ebria, excitada y ahora vacía, apagada y silenciosa. Continuaba con el paseo hacia su hogar entre una mar de preguntas. Acaso llega un día en el cual te doblegas y aceptas o deberías aceptar aquello que jamás has querido para ti? No, no se imaginaba postrado en una silla, con una copa del mejor Whiskey esperando a la muerte. 

Mujeriego le llamaban algunos. Mujeriego? Era acaso algo malo? Acaso alguna de aquellas personas que tanto criticaban, se paró jamás a pensar lo duro que resultaba recomponer el corazón y la razón después de cada aventura? Debería el ser humano parar y aferrarse a algo que no le convence, por el mero hecho de borrarlo de una lista que ni siquiera existe? O seguir indagando hasta hallar aquello que le sacie? 

Sin más dilación se hallaba en la esquina de la calle Nou de la Rambla con Blesa y sus luces amarillentas aun pensando en la madurez y sus consecuencias. Es posible, que en aquel paseo desde Vía Layetana pasara de persona "rasa" a "señor"? Quién determinaba que así era?

Escuchando sus pisadas en una desierta Calle Blai, con la espalda algo cansada, la colilla del último cigarrillo aun entre sus dedos y observando el reflejo de las luces en los pequeños charcos de la calle a su paso por la biblioteca, volvió a sonreír.

Qué significaba madurar? Objetivos que no son propios de uno mismo? Dejar de mirar en un charco como los colores se difuminan en acuarelas? Negar la inocencia o la pureza? Es lo simple menos importante que lo que la sociedad nos vende como obvio? 

Barcelona duerme temprano. Paralelo con su calle era un desierto. Al llegar a su portal, sacó las llaves y pensó: "Señor? no gracias"

jueves, 3 de septiembre de 2020

Pause


Hace calor en la ciudad Condal,

dejé atrás el calor seco de Lleida,

para abrazar los últimos días de la humedad de Barcelona.

Me reincorporo a la sociedad del miedo,

de las mascarillas,

del consumo.

Escucho aventuras de unos y otros,

comparto risas y anécdotas de Lleida,

siento mi cuerpo pedir que pare.

Fotogramas del amanecer,

objetivos vacíos e insulsos como placebos,

días incesantes a ritmo infernal.

Lluvias que erizan mi piel,

desvaríos  por el vallés,

días largos para mentes cansadas.

De nuevo en la vorágine,

en el mundo sin pausa,

en la humedad de Barcelona.