martes, 8 de noviembre de 2011

Batalla de licántropos



Cohen es un perro diferente, lleno de energía, nervioso... un puto nervio.
Hace unos días que iba cojo de una pata, al mirárselo ( cosa rara, ya que no deja nunca que le mire nada ), comprobé que tenía hundido uno de los espolones en la piel.
El primer día, por la mañana después de pasearlo y que comiera, le dí un Diazepám y un Stilnox.
Esperando que se quedará dormido...el muy jodido, corría por la casa como si nada. Esperamos y esperamos pero nada, el perro como un rosa.
Viendo que el pobre sufría con el espolón clavado, al día siguiente dupliqué la dosis.
1 Diazepám 5 mg y cuatro Stilnox.
Al poco rato, Cohen comenzaba a notar los efectos. Las patas no le respondían, perdía el equilibrio...sufría una fuerte erección...pero el tío continuaba sin caer.
Por momentos me arrepentí de haberlo drogado, pensando que podría matarlo...pero que va!!! si a ese perro le han puesto de todo y se ha despertado.
Una vez, cortándole el pelo, lo sedaron y se despertó en mitad del corte y mordió a la perruquera!!!

Así que me armé de valor y preparé todo para abordarlo. Cortaúñas, Betadine, algodón, camiseta con forna de bozal y alcohol para la herida. Albert lo agarraría, Vicky aguantaría el bozal y yo cortaría y limpiaría la herida.
Al primer intento, el muy cabrón no sabe como pero sale corriendo, debido a su poca coordinación no puede correr mucho. Cojo la camiseta, se la pongo en el morro por el lado de la manga, haciendo así el efecto bozal. Lo agarro con la otra mano y lo tumbo en el suelo.
Vicky y Alber se quedan pasmados mirándome, a lo que reacciono gritándoles:
- Albert!!!! Cortaúñas!!cortaúñas!!!corta!!!!.
- Vicky!!!!! Prepara el alcohol y el betadine!!corre!!!!!
El primer intento no sale bien, ya que Albert al escuchar los sollozos de Cohen, suelta el espolón sin cortarlo. Yo aún con Cohen agarrado le vuelvo a gritar que corte.
Por fin corta el espolón y lo saca de la carne.
- Vicky!! alcohol!!!! - le grito - alcohol!!!!!! - Todo esto por supuesto con los sollozos del pobre perro, que por otro lado ni se había dado cuenta de que el espolón ya no estaba.
Vicky limpia la herida, después le ponemos Betadine y por fin suelto a Cohen.
Mi corazón va a mil, mi brazo izquierdo está lleno de arañazos, pero Cohen esta a mi lado y se encuentra bien. Su mirada lo dice.
Después de comprobar que no le dolía, se tumbó  y pasó lo que le quedaba de la "anestesia" dormido a mi lado.